Un incendio de enormes proporciones registrado en la avenida Ferrocarril, en la asociación Santa Martha del distrito de Ate, volvió a dejar en evidencia la vulnerabilidad de varias zonas industriales informales de Lima, donde almacenes operan rodeados de viviendas, terminales de transporte y negocios, convirtiendo cualquier emergencia en una potencial tragedia.
El siniestro, catalogado como código 4 por el Cuerpo General de Bomberos, generó una intensa columna de humo negro visible desde distintos puntos de la capital y obligó a movilizar más de 20 unidades de emergencia, incluyendo unidades aéreas y más de 80 efectivos que trabajaron durante varias horas para evitar que el fuego se expandiera hacia predios aledaños.
Según informó el comandante de bomberos Marcos Pajuelo, el incendio se originó en un almacén de aproximadamente cinco mil metros cuadrados donde presuntamente se almacenaban productos plásticos, aunque precisó que la naturaleza exacta del material y el origen del fuego aún serán materia de investigación.
“Lo complejo es la cantidad de material combustible almacenado”, explicó el oficial durante declaraciones a la prensa, detallando que las labores se concentraron principalmente en impedir que las llamas alcanzaran otros almacenes, viviendas cercanas e incluso estaciones de combustible ubicadas en los alrededores.
HUMO TÓXICO, TEMOR Y EVACUACIONES IMPROVISADAS
La emergencia generó escenas de desesperación entre trabajadores y vecinos de la zona. Muchos tuvieron que evacuar apresuradamente mientras el intenso calor comenzaba a sentirse a varios metros del foco del incendio.
Uno de los trabajadores de un comedor instalado en el terminal de la línea 91 relató que debieron retirar balones de gas, vehículos y hasta sus mascotas por temor a una explosión.
“Solo vimos humo negro y después de media hora el fuego ya se había expandido completamente”, contó uno de los vecinos afectados.
El temor no era exagerado. La combinación de materiales inflamables, estructuras metálicas colapsando y productos desconocidos en combustión convertía la escena en una bomba de tiempo.
Mientras algunos sacaban sus pertenencias, otros observaban impotentes cómo el fuego consumía rápidamente toda el área industrial.
BOMBEROS LUCHARON CONTRA EL TIEMPO
Para enfrentar la emergencia, los bomberos desplegaron escalas telescópicas y unidades aéreas desde distintos frentes. Incluso utilizaron el terminal de transporte cercano como punto estratégico para lanzar grandes chorros de agua y contener el avance de las llamas.
El comandante Pajuelo confirmó que el trabajo sería prolongado y complejo debido a la magnitud del incendio y la gran carga inflamable existente dentro del almacén.
“No estamos haciendo un trabajo ofensivo desde el interior porque la estructura representa un riesgo. Estamos trabajando desde el exterior con unidades aéreas y gran caudal de agua”, explicó.
La situación obligó también al apoyo de las municipalidades de Ate y Huachipa, además de Sedapal, que abastecieron de agua constantemente a las unidades de emergencia.
Horas después del inicio del siniestro, se reportó un bombero afectado presuntamente por inhalación de humo, quien fue trasladado en ambulancia para recibir atención médica.
El representante del SAMU, Ítalo Vásquez, informó que se desplegaron 13 ambulancias y un puesto de atención de víctimas ante la posibilidad de múltiples afectados.
EL PROBLEMA DE FONDO: ALMACENES SIN CONTROL EN ZONAS URBANAS
Más allá de la emergencia, este incendio vuelve a abrir un debate que parece repetirse cada año en Lima: ¿cómo operan almacenes de material altamente inflamable en medio de zonas urbanas densamente pobladas?
La escena en Ate mostró nuevamente una realidad peligrosa y muchas veces ignorada: fábricas, depósitos y almacenes funcionando cerca de viviendas, comedores, terminales de transporte y negocios familiares.
La pregunta inevitable es si estos establecimientos cumplen realmente con protocolos de seguridad, planes de evacuación y fiscalización técnica adecuada.
Porque cuando ocurre una tragedia, recién aparecen las inspecciones, las investigaciones y los discursos sobre prevención.
Pero mientras tanto, miles de familias conviven diariamente con depósitos clandestinos o instalaciones de alto riesgo que pueden convertirse en infiernos en cuestión de minutos.
Y aunque esta vez no se han reportado víctimas mortales, el incendio dejó pérdidas materiales cuantiosas y un fuerte impacto ambiental debido a la enorme nube de humo tóxico liberada por la combustión de plásticos.
INVESTIGACIÓN EN CURSO
Las autoridades señalaron que será la unidad especializada de investigación de incendios de la Policía Nacional la encargada de determinar cómo comenzó el fuego y si existieron negligencias o responsabilidades administrativas.
Hasta el cierre de este informe, los trabajos de control continuaban y varias zonas permanecían bajo vigilancia debido al riesgo de reactivación del incendio.
Mientras los bomberos continúan luchando contra las llamas, queda otra emergencia pendiente: la falta de control urbano y fiscalización efectiva en sectores industriales improvisados que, silenciosamente, siguen creciendo en medio de la ciudad.